El 14 de abril (o sea ayer) no sólo es el aniversario de la proclamación de la IIª República tras la huida de Su Majestad Alfonso XIII. También es el aniversario (hace casi 100 años) del hundimiento del Titanic. Ayer nuestro querido presidente saliente (saliente porque al año que viene se nos va, aunque se nos podía haber ido antes) comparó a nuestro país con un trasatlántico. Con un poderoso trasatlántico.
Muy bien. España es un poderoso trasatlántico en un mar repleto de icebergs con un capitán que no sabe a donde va y con una tripulación que no sabe lo que es estribor o babor, proa o popa. Por lo que espero, queridos lectores, que sepan nadar y que lleven, no ya un chaleco salvavidas, sino un bote propio para cada uno.
Es lo que, en el post del señor Santiago irónicamente expone: "Fin de la singladura. España y el prestigio de sus empresas, víctima de un cuento. Eran las 7 horas y 58 minutos del 14 de abril de 2011. El capitán Rodríguez Zapatero se dirigió a la atónita orquesta y antes de abandonar el barco, dijo: "Señores, ha sido un placer tocar con ustedes..."
Si a alguien le quedaba alguna duda de que a España la iban a rescatar tras la caída de Portugal, creo que quedan totalmente despejadas. Cuando un país está comprando deuda pública de otro, le está financiando al Estado (con el riesgo soberano que ello conlleva) y por lo tanto, al financiarle le está implícitamente ayudando. Esto quiere decir que el país que compra la deuda (en este caso China) está implícitamente rescatando al país en cuestión.
Por lo tanto, China está implícitamente rescatando a España. Si a eso añadimos los intentos, fallidos de momento, de la entrada de capital chino en alguna caja, la gravedad de la situación en España es incuestionable. Si a eso le sumamos que un tercio de los activos portugueses están financiados por entidades españolas, la magnitud del problema es incuantificable.
No es una situación para tomársela a coña. Estamos al borde del desastre. Y ya veremos cuando a los chinos haya que devolverles la deuda (a un tipo superior a lo normal en renta fija pública). Sólo el turismo y las energías renovables pueden salvarnos del desastre.
Menudo trasatlántico. Con un capitán que no sabe a donde va (y que antes de llegar a puerto abandonará el barco) y un segundo (la ministra de economía) sin criterio y teledirigida desde la UE.
Otro punto negativo pues, la política económica del gobierno está teledirigida desde la UE; pues ésta les obliga a recortes y a dar un visto bueno a los mismos. Si a eso añadimos la entrada de China (con lo dicho anteriormente) y de las petro-monarquías en el sector financiero español; con el problema añadido de que no tenemos el control de la política monetaria (en román paladino, que no podemos darle a la maquinita); nos encontramos con que nuestra independencia económica está en entredicho.
Curioso fin a una etapa en la que nuestro querido presidente nos quería meter en el centro de Europa, y que vamos a acabar siendo un país satélite de la mayor tiranía mundial. Espero que no nos invadan por ello.
JIV
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