martes, 23 de diciembre de 2008

ANDORRA. TRAS LA HUELLA DE CARLOMAGNO

“Andorra es un país por accidente”, dicen que explicó el ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que en su primera visita al vecino país contó que, realizando siglos atrás los condes catalanes un mapa de sus posesiones, se dobló la hoja e hizo un pliegue que impidió divisar y meter las montañas que hoy conforman el Principado en terreno de nadie. Quedó en el limbo. Una anécdota que demuestra bien la idiosincrasia de este Estado. Han pasado todos, porque es lugar de paso, pero ninguno se ha quedado.
Ahora, que es tiempo de ir a las estaciones de esquí andorranas, es un buen momento para explicar los quiebros que allí pegó la historia.
El primer gran personaje de la leyenda de Andorra es el primer gran personaje de la leyenda moderna de Europa. Todo el diminuto país tiene algún retazo del paso del gran emperador europeo, Carlomagno, por sus tierras. Una carta fundacional del país demuestra que el monarca estuvo luchando entre aquellos picos. También dicen que su hijo perdió la vida armado y a lanza mientras contenía la constante invasión árabe, aunque esta es una historia de la que no quedan excesivos documentos. Sin aclarar aún este punto, nos adentramos por boca de sus propios habitantes en las hazañas que aquí el gran emperador consiguió. Dos son los iconos de esta leyenda que quedan en el Principado: una huella y una argolla. La primera, perdida a lo largo de una enorme montaña y tatuada en las rocas: es la del caballo del emperador. Dicen que allí quedó para siempre, para que no pudiera ser olvidada por los futuros habitantes de aquellas tierras, la pisada de aquel animal, robusto y tenaz como su dueño, explica un aldeano.

La argolla del caballo

La argolla tiene un contenido más apocalíptico. Y es que aquí el mito se parte en dos y comparte trascendencia con otro hecho ¿histórico? Un segundo suceso que se sitúa en diversos puntos del planeta. En lo alto de una montaña, el pico de Fontargent, hay un hierro del que se sujeta la historia. Dos son las teorías: allí se ató el caballo de Carlomagno, o allí «ancló» el Arca de Noe. El pico, en realidad es más un desfiladero, se divisa esbelto y nevado desde distintos puntos del Principado. Allí dicen que paró la nave en la que vacilaban hombres y animales su futuro y se salvó del Diluvio Universal. Por la parte del emperador, otra vez su bestia es protagonista de su leyenda. Desde allí contemplo los verdes valles y altas montañas que debía dominar.
¿Qué hay de realidad del paso de Carlomagno por esas tierras? Desenterrando las historias inverosímiles, nos quedaría la evidente lucha que árabes y tropas cristianas aquí entablaron. Dicen, aunque esto sí que sólo lo encontré en el boca a boca del país, que un antiguo edificio, al que sólo se accede andando, guarda los huesos del monarca. «Uno de los tres que lugares en los que están sus huesos», dice la improvisada guía, Rosa. No hay constancia de esto, pero la andorrana que lo cuenta señala el lugar y allí, en ese monasterio, podrían guardarse por su aspecto los secretos del fin del mundo. La caminata se antoja lejana y no hay excesivas esperanzas de encontrar nuestro objetivo.
Los datos más exhaustivos apuntan a que el territorio andorrano fue consolidado por Carlomagno, quien según la tradición, luchó contra el ejército árabe en el Valle de Querol. Dicen que la batalla estaba casi perdida, inicialmente los árabes iban ganando, «pero un grupo de montañeses andorranos, a las órdenes de Marc Almugàver y procedentes de los valles del Río Valira, se presentaron en Pimorent y Campcardós para ayudar a los ejércitos de Carlomagno a luchar contra los árabes, favoreciendo de esta forma el triunfo sobre los Musulmanes».El emperador, agradecido, otorgó su protección a Andorra y la declaró pueblo soberano en el año 788. El emperador donó los diezmos y otros derechos a los obispos de Urgel. Existe una Carta de la fundación de Andorra, que se conserva en el Archivo del Principado, otorgada por Carlomagno a su hijo Luís, que no aceptan todos los historiadores porque fue redactada en una época muy posterior. Este documento afirma que los andorranos eran tributarios suyos, aunque no tenían que pagar más que «un pescado» como tributo, hecho curioso que se refiere por primera vez a las truchas del Río Valira. Toda esta tradición sitúa bien la importancia de Andorra como lugar de paso. Siglos atrás el propio Aníbal y su ejército de elefantes, según la narración del griego Polibio, mantuvo luchas en su paso hacia la conquista de Roma con los «andosins», tribu de Andorra. Por allí, en un valle cercano a la estación de La Rabassa dicen que cruzaron definitivamente sus tropas camino de la ciudad eterna.

Los nazis

Ese enclave estratégico de Andorra, en medio de dos caminos de ida y vuelta, de norte a sur, debía de costarle siglos después la única herida que sangra aún en el Principado. No es un tema fácil y del que guste ni sea fácil hablar en el Estado pirenaico.
Andorra se declara neutral en el conflicto internacional que envolvió todo el Planeta. La Segunda Guerra Mundial sacude de odio y venganza cada rincón de Europa. El Principado se limita a quedar allí, donde siempre, perdido y resguardado por las montañas. Pero como camino eterno que es, la frontera entre Francia y España es una posibilidad hacia la vida, una huida de la muerte. Dicen que muchos judíos perseguidos por la guadaña pagaron grandes cantidades de dinero por cruzar aquellos caminos. Los alemanes conocedores de esa vía de escape mandaron a su temida Gestapo a cobrar piezas. Se instalaron en algunos de los hoteles de la ciudad y encontraron colaboración espontánea. Todo lo espontáneo que puede ser vender una vida a cambio de dinero. «Murieron y se entregaron a muchas personas», explica alguien que conoce bien la historia pero que quiere mantener en secreto su nombre. «Aquí mucha gente lo sabe pero nadie se atreve a hablar». Hay, de hecho, una serie que se emitió en la televisión catalana que afronta, en parte, el tema: «Entre el Torb i la Gestapo». El toro es un fuerte y helador viento de los pirineos que hiela el alma. Muerte segura. Lo segundo, los nazis, eran la otra muerte. La elección en algunos casos era morir en la montaña o tras ser entregado.
No era esta la primera vez que dicen que ocurría un hecho similar en Andorra. La Guerra Civil fue ya un cruel ensayo de estas prácticas delatoras. Entonces las víctimas eran republicanos que huían de la España controlada por Franco. Dicen que las familias acomodadas que tenían dinero, tenían también un pasaporte a la libertad. El resto tuvo, en muchos casos, un final en la montaña. Dicen también que una importante revista de este país vio secuestrada una edición en la que se denunciaban con nombres propios estos hechos. «Hay muchas familias ahora importantes que salían señaladas en ese artículo», explica nuestro muy informado guía. Pero la memoria de las piedras es eterna, tanto que hace eco entre esas bellas e interminables montañas.

Imprescindible

Acudir al balneario de Caldea. Un baño al aire libre rodeado de nieve es un momento único. Hay mucha gente; mejor horas tempranas

Cómo ir

En AVE desde Madrid a Lérida y allí, en la propia estación de tren, tomar un minibús que lleva hasta Andorra. El paisaje de montaña leridano es espectacular.
O bien, ir en coche vía Lérida y después dirección la Seu d´Urgell


JIV

1 comentario:

Luiis Alberto Rojas dijo...

Debemos escudriñar el pasado para saber por qué vivimos el presente, aunque en el mundo del siglo XXI, muchas personas no leen porque no les gusta o no aprendieron a leer. ¡Qué pena!. Excelente escrito.
Gracias a su autor.